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La pedagogía Waldorf: un viaje al corazón de la infancia

Para hablar de la infancia invitemos a la memoria a acercarse al mar en un soleado día de verano, donde en la playa las olas alcanzan el término de su largo viaje. Las imágenes de los niños junto a sus padres, abuelos, amigos, esperando este regalo del mar; riendo, jugando, recibiendo las olas con un salto, de frente o de espaldas, con los ojos abiertos o cerrados, llenan el paisaje de una alegría única, de una soltura e inocencia casi primordial. Allí todos, junto y a través de los niños, nos volvemos niños, reímos con la ola y dejamos que ésta, en su redondez, nos empuje, golpee, achuche o acune. He visto a muchos adultos adquirir la ligereza de la infancia en estos momentos. Es la magia del mar, con su constante línea curva y su movimiento perpetuo, invitándonos a liberarnos de nuestras rigideces y estructuras anímicas demasiado ancladas, haciendo aflorar al niño que fuimos, el niño que vive en nosotros.

La infancia es vitalidad, movimiento, juego, risa, sonrisa, ritmo. El mar sonríe también en la plenitud de la ola, que rítmicamente viene a jugar a la playa. Mar e infancia tienen mucho en común, aprendamos de ellos.

El corazón de la infancia nos pide ritmo, juego, movimiento, confianza, humor, arte… todo ello envuelto en la clara imagen de lo que es el desarrollo del niño, su evolución dentro del marco de la biografía humana. ¿Existe esto en las aulas? ¿Ofrecemos a los niños un espacio de aprendizaje en donde sientan la confianza para desplegar su potencial en el tiempo en que éste ha de aflorar? ¿Tenemos los maestros la percepción necesaria para descubrir esta dinámica interior del niño? ¿Nos brinda un sistema educativo la flexibilidad y libertad indispensables para acompañar al niño de acuerdo a la percepción que de él adquirimos? ¿Es la batería de exámenes, apareciendo siempre amenazante en el horizonte, un buen criterio para evaluar al niño? ¿Cuánta imaginación y creatividad se necesita para evaluar en base a exámenes? ¿Qué es más apropiado para la enseñanza en Primaria, la imaginación o la abstracción, la definición o la caracterización de la materia que presentamos? ¿Un niño de 4 o 5 años ha de aprender ya a leer y escribir, uno de los aprendizajes más demandantes que ha de enfrentar el ser humano, o sería más adecuado que empleara su tiempo y fuerzas en adquirir otras facultades propias de su edad? He tenido alumnos que pasaron por un proceso semejante a una tortura cuando a los 4 y los 5 años se les enseñó a leer y escribir, no lo aguantaron, es decir, enfermaron. Vinieron a la escuela Waldorf y se les ofreció en el Jardín de Infancia un espacio para seguir creciendo como niños. Allí recuperaron la confianza en los maestros y, más tarde, en Primaria, retomaron el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura desde lo artístico imaginativo, adquiriendo estas destrezas sin mayores dificultades. ¿Dónde está la esencia del mar en las aulas?

Hace 100 años, Rudolf Steiner, el fundador de la pedagogía Waldorf, dijo que en la educación, en todo momento, se tenía que apelar al sentir del niño. Resaltó asimismo la presencia constante y central de lo artístico en la enseñanza. Estos mismos principios son magistralmente recordados hoy en día por Sir Ken Robinson en su obra educativa, en donde denuncia la galopante tendencia en las últimas décadas a incrementar el contenido científico y académico en el aula en detrimento del ámbito artístico. Es el arte el que marca el camino hacia el viaje interior en el hombre, hacia la experiencia, la vivencia, y con ello el autoconocimiento y el desarrollo de la personalidad. Si lo excluimos del espacio educativo dejamos de educar propiamente.

Rudolf Steiner indicó a los maestros que tendrían que acompañar a su clase durante el trayecto de Primaria. No habría cambios de tutor una vez acabado el año escolar. Tampoco habría libros de textos, a los niños y los maestros correspondería crearlos. Las dos primeras horas de la mañana constituirían un solo bloque en donde estarían con el maestro tutor desarrollando un tema a lo largo de 3 o 4 semanas. No habría exámenes, el maestro estaría embarcado en el viaje de una evaluación continua. La escuela empezaría cumpliendo los niños 7 años. Los maestros tendrían libertad de cátedra y la máxima responsabilidad de adquirir el profundo conocimiento de la naturaleza humana y de ser constantemente creativos en sus clases.

Parte de estos principios básicos de la pedagogía Waldorf los encontramos hoy en día en un sistema educativo al que se mira con respeto e interés por sus resultados: el sistema finlandés. Éste ha venido ocupando los primeros puestos en el ranking de los estudios PISA. Lo paradójico es que mientras que Finlandia es capaz de mostrar las excelencias de su sistema, en muchos países que tendrían que cambiar sus principios y orientarlos en esta dirección todavía se insiste en medidas opuestas a ellos: adelantar la edad de escolarización, no abandonar los libros de texto, no ampliar la duración de las clases, multiplicar la presencia de los exámenes y establecer rígidos programas, apuntando a metas cognitivas muchas veces ajenas a la edad del niño, sin consideración del aspecto del ritmo y la vivencia en el aprendizaje. Este camino no se preocupa de la infancia, no la cuida, no la percibe en su naturaleza, no la protege, sino que la deteriora. Dadas estas condiciones, ¿constituye aún una sorpresa hablar del fracaso escolar?

el sembrador¿Cuáles son las raíces de esta patología, cada vez más presente en nuestro tiempo, de exigir demasiados contenidos educativos demasiado pronto, de obligar a un aprendizaje mecánico memorístico en donde la vivencia está ausente? ¿Por qué se insiste en ver al niño como a un pequeño adulto? ¿En qué oscuras bodegas se descorchó esta tóxica pócima del sin sentido? ¿Qué mente alejada del origen quiere reducir el mar a la dimensión de un estanque o un pantano?

El juego de las olas no fracasará en despertar la sonrisa y la alegría en el niño porque tocará su esencia. La dinámica de la educación ha de triunfar en respetar la infancia, en hacer desplegar en cada individuo el potencial único que lleva en sí, en educar para que el niño llegue a ser un ciudadano con pensamiento propio, atento a los retos de su tiempo, consciente de la profunda dimensión de la existencia. La pedagogía Waldorf trabaja con estos ideales y a ellos dedica todo su esfuerzo. No hay empresa humana que tenga metas más excelsas que la educación.

Jesús López
Maestro de la Escuela Waldorf de Villafranqueza, Alicante.

 

  1. Ken Robinson (Liverpool, Inglaterra, 4 de marzo de 1950) es un educador, escritor y conferencista británico. Doctor por la Universidad de Londres, Robinson es considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos. Debido a la relevancia de su actividad en los campos mencionados, especialmente en relación a la necesidad de incorporar clases de arte al currículum escolar, fue nombrado Sir por la reina de Inglaterra, Isabel II en 2003.

Sobre el Invierno, la Navidad, la Tierra y el ser humano

“De la descripción que hicimos, sabemos que, con la entrada del otoño, tiene lugar un a modo de inhalación, de verdad inhalación espiritual de la Tierra: están siendo aspirados al regazo de la Tierra, los seres elementales que han encontrado su camino hacia afuera en el tiempo del estío, que luego retroceden cuando llega la fiesta de Micael, y continúan retrocediendo más y más, hasta que, en el apogeo del invierno, llegan a su más íntimo vínculo con el interior de la Tierra.

De todo esto, podemos formarnos la idea de que, precisamente en el invierno, la Tierra es una entidad más contenida, más encerrada en sí. Del universo ha recogido todo lo espiritual que había proyectado hacia afuera durante el verano. Así que, durante la plenitud del invierno, es cuando la Tierra es más Tierra, cuando revela su verdadera sustancialidad”.

Texto extraído del libro de conferencias de Rudolf Steiner :“Convivencia con el ciclo del año en cuatro Imaginaciones cósmicas”

Aprender a ver la vida y la celebración de fiestas desde su parte externa e interna nos ayuda a ver cómo materia y espíritu se complementan aunque para la mente parezcan contradicciones.

¿Dónde está la vida de la Tierra en primavera? Afuera, se manifiesta en el exterior de su Cuerpo Terrestre. Ha explotado la vida interior, ha sido lanzada al exterior y podemos observar la manifestación de esa explosión en los bellos colores y en el reverdecimiento de las plantas. ¿Y qué pasa en el interior de la Tierra?… ¡¡que se queda vacía!!… y en el verano culmina ese vaciarse de fuerzas vitales. Vida, plenitud afuera. Muerte, vacío adentro.
¿Dónde está la muerte, lo vacío, y la vida en invierno? Afuera todo está paralizado, sin vida. En las zonas de auténtico invierno esto es más evidente que en el mediterráneo. Sin embargo en el interior las fuerzas vitales de la Tierra la colman, están silenciosamente retenidas dentro de ella, esperan resguardadas y protegidas la próxima manifestación primaveral; el interior está muy activo, lleno de vida. Así, la materia y el espíritu están juntos en invierno, cuando nosotros celebramos Navidad. La Tierra es más Tierra.

También en el ser humano se evidencia el mismo proceso. Si estamos totalmente fuera entregados a la luz y a la naturaleza, dentro en nuestro interior, quedamos vacíos. Exhalando nuestra manifestación interior quedamos dentro sin espíritu, dormimos en el interior… Pero, ¡qué hermosa es la exhalación de nuestra alma en verano, al igual que la exhalación de la Tierra! … necesaria para los ritmos vitales es esa respiración anímica… y ahora en invierno, en Navidad, qué hermoso inhalar nuestra alma, nuestra vida anímica y nuestro elemento espiritual, nuestra individualidad, nuestro Yo y vivir interiormente las cualidades no materiales de nuestro Ser.

Una posibilidad única nos brinda el invierno con la festividad de la Navidad cuidando y viviendo en esta época con plenitud interior nuestros más altos ideales en la relación humana… porque cada año, en esta época de invierno, en Navidad… el Ser Humano es más Ser Humano.

Por Mari Carmen García.