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Todo comienza en sus manos…

Manualidades en la escuela waldorf.

Por Johanna Fernández Martínez. Maestra de manualidades de la escuela.

Que  nuestro presente conviva como una constante, a veces sin medida, tantos estímulos visuales,  las pantallas, etc. En definitiva, un escenario tecnológico con un uso desmesurado sumado a que también hasta la ropa que nos ponemos está hecha con fibras sintéticas, los alimentos que ingerimos son sintetizados químicamente e incluso hasta los materiales de los juguetes de nuestros niños. Por lo tanto, es lógico que aparezcan estos interrogantes: 

¿Entonces es engañoso lo que perciben nuestros sentidos? el niño que llega a este mundo con ese deseo de conocer, ¿se encuentra en peligro esa relación con la Tierra? 

Las actividades manuales y la asignatura del currículum Waldorf desde la creación de la primera Escuela Waldorf de Stuttgart en 1919, tiene hoy más que nunca, una relevancia en la labor pedagógica con los niños.

Es a través del contacto con los materiales nobles como puede ser el algodón, lana y madera, productos de la naturaleza con actividades adecuadas, será capaz de utilizar sus manos, su sentimiento y su pensar en la creación de objetos útiles y bellos, desarrollando un vínculo de respeto y veneración por la Tierra.

Es cuando el niño hace “algo” que puede usar como por ejemplo la funda de su flauta, puede vincularse con una instancia humana que de otra manera quedaría fuera de su experiencia cognitiva.

En la clase de manuales todo comienza cuando sus manos se ponen en movimiento para realizar un trabajo desde el principio hasta el fin, dando todos los pasos necesarios. Un aprendizaje sin duda equilibrador de toda su personalidad; despierta el pensar en los niños soñadores, favorece la actividad en niños con dificultades para desarrollar su voluntad y en los niños muy intelectuales mueve el sentimiento. Este es el gran reto del maestro.

Si te ha gustado y te quedas con ganas de adentrarte más en este maravilloso mundo, permanece atento que en la próxima entrada se nos abre una ventana al aula de Primera Clase.

Mesa de estación de Cuarta clase:

Estrellas en el cielo

flores en la Tierra

todos y todas en el centro

ya llegó la Primavera

Manualidades primera clase

Mis manos tienen cinco dedos

Que me ayudan a jugar

pero a la hora de la tarea

como saben trabajar,

Mano derecha, mano izquierda

Siempre dispuestas a ayudar

Una viene hacia la otra

Y el trabajo va a empezar

Otra propuesta del año en una Primera Clase es la realización de una funda para la flauta. Su función guardar y transportar algo, soportar un peso, al igual que la Tierra nos sostiene a nosotros.

Primera clase en la jornada de puertas abiertas.

Jornada de puertas abiertas: Quinta clase.

De la bidimensión al espacio tridimensional con el trabajo principal de la confección de calcetines. Los niños de esta edad viven una transición entre el primero y el segundo paso por el Rubicón. Es el primer trabajo que toma al propio cuerpo como guía en la realización de la tarea.

Libertad para experimentar y respeto del ritmo

Por Lourdes Alarcón Sevilla.

Soy estudiante de Magisterio de Infantil en la Universidad de Alicante y, además, estoy realizando la formación en Pedagogía Waldorf. Ambas cosas las estoy haciendo de forma simultánea.

En los tres años que llevo de carrera, en el Grado de Educación, nunca se había mencionado nada sobre la pedagogía Waldorf en clase, si se hace alusión a otras pedagogías, pero de ésta en concreto, en muchas ocasiones, ni siquiera se tenía conciencia de ella. Lo cual me parece que muestra una carencia de actualización e investigación.

Por ello, me sorprendí muchísimo cuando el otro día, en una asignatura relacionada con la psicomotricidad y el movimiento, el docente se detuvo a hablarnos de la Pedagogía Waldorf y de Rudolf Steiner, su pensamiento y su obra. Además, nos mostró vídeos en los que aparecía la Escuela Waldorf de Alicante, concretamente un aula de maternal de 0 a 3 años durante una jornada. Nos animó a permitir a los niños libertad de movimiento para experimentar, sorprenderse, investigar… Además de nos explicó la importancia de respetar sus etapas de desarrollo no llevarlos al pensar antes de tiempo.

Me gustó muchísimo oír hablar de esto en clase y ver cómo se anima desde la Universidad a conocer y poner en prácticas esta pedagogía y dejar atrás la educación excátedra.

El habla

Espacio de las imágenes interiores.

Fuente: Rainer Patzlaff / Medicos Escolares Brasil

Traducción: Claudia de Moura

Los niños aman el trato con los cuentos, las historias, las fábulas y las leyendas y es importante que el maestro o educador sepa, por qué los niños sienten esa necesidad: aquí están viviendo en un ámbito anímico que le es propio. Dado, que esas narraciones contienen una cantidad de sabiduría de vida y experiencia, de sentido profundo e inteligencia, pensamientos y lógica, sin expresarlo en conceptos, sino en imágenes. Hacen aparecer por arte de magia paisajes enteros frente al alma  y su presencia inmediata nada tienen que envidiar al mundo sensoriamente experimentable, que son producidos por el niño mismo, por fuerza de su fantasía, y que por lo tanto son producción propia.

El medio decisivo a través del cual el mundo imaginativo llega a su desarrollo en los niños, es el habla. Posee la fuerza de que todo aquello que está viendo el maestro o narrador frente a su mirada interior,  también genera frente al ojo interior de los niños, de manera propia.

Por eso, es insuperable  el efecto, cuando el maestro o la maestra logran adquirir la capacidad de poder narrar de memoria, de un modo imaginativo, expresivo.

Tales vivencias son nutrientes para los niños, que buscan obtener a diario. No se trata de información o afán de saber, sino del intuitivo descubrimiento de los ricos mundos interiores, que mediante el habla se abren simbólico – imaginativamente frente a ellos. A pesar de que nuestra época se encuentra avasallada por imágenes técnicas, no decrece la avidez por esas experiencias.

Por el contrario: crece en medida tanto mayor, en la cual los niños no encuentra respuesta para sus fuerzas del alma en el mundo que los rodea. Aquí, la escuela tiene una importante misión cultural, sino en el sentido del desarrollo de una facultad de empatía, de capacidad de diferenciación anímica, fuerza de concepción y de sensibilidad social.

Lo importante al respecto es, que el material a ser narrado, sea el correspondiente a cada edad. Es así, que en la Escuela Waldorf el curso a lo largo del Primer septenio, va con  los cuentos de hadas y a partir del segundo septenio con  las fábulas, leyendas y sagas, hasta las historias del Antiguo Testamento, a modo de una historia inicial del mundo y de la cultura, permitiendo, que las imágenes hablen por sí mismas.

Haciendo farolillos…

Material necesario: un palo, un globo, dos pliegos de papel de seda (pueden ser de distintos colores), lana, harina, agua, una vela con vaso de plástico de unos 5cm de alto

1) Coger un globo, hincharlo y trazar una línea

2) Preparar un engrudo de harina y agua mezclando agua caliente con harina. Deshacer los grumos poco a poco con un tenedor

3) Cortar el papel de seda en tiras

4) Apoyar el globo en un bol o una taza

5) Empezar a repartir engrudo con los dedos por el culo del globo. Poner siempre un papel y otro atravesado.

6) Esta parte hay que reforzarla bien porque ahí irá la vela

7) Hay que poner varias capas y reforzar también la parte donde se ha hecho la raya. Ahí se pondrá la lana para colgarlos.

8/9) Dejarlo secar un par de días.

10) Pinchar el globo

11) Recortar para dejar un cuenco

12) Hacer un par de agujeros en los cuatro lados. Pasar la lana de un lado al otro

13) Pegar la vela en el culo con silicona

14) Y por último ponerle el palo

Un patio a medida

Nuestra escuela Waldorf tiene unos patios preciosos. Los niños juegan en unos jardines repletos de arboles, con césped, flores, areneros, … Un patio así de verde no aparece por si solo. Y menos en Alicante, donde disfrutamos de mucho sol, y muy poca lluvia. Cada patio está en manos de los padres y madres de la escuela, que cada año dedican su tiempo, cariño y esfuerzo a labores de jardinería.

Este domingo tocaba añadir a ese esfuerzo y ese cariño, algo de fuerza bruta, para reubicar dos árboles en el patio de Primaria, el patio más joven, que aún tiene que adaptarse a la gran afluencia que tiene a diario, con ahora ya más de 80 niños y niñas llenos de energía.

Os dejamos unas fotos para daros la oportunidad de sentiros parte de este momento, cuando entre todos conseguimos dar un nuevo lugar a dos árboles, y así abrir más espacio para que nuestros hijos e hijas puedan seguir disfrutando de naturaleza en movimiento.

Gracias Carlos, Chema, Denis , Elisa, Johanna, Julio, Lis y Ricardo por vuestro tiempo y esfuerzo! Y gracias a los niños por animarnos y ayudar donde podían!

Liesbet Bex

 

La pedagogía Waldorf: un viaje al corazón de la infancia

Para hablar de la infancia invitemos a la memoria a acercarse al mar en un soleado día de verano, donde en la playa las olas alcanzan el término de su largo viaje. Las imágenes de los niños junto a sus padres, abuelos, amigos, esperando este regalo del mar; riendo, jugando, recibiendo las olas con un salto, de frente o de espaldas, con los ojos abiertos o cerrados, llenan el paisaje de una alegría única, de una soltura e inocencia casi primordial. Allí todos, junto y a través de los niños, nos volvemos niños, reímos con la ola y dejamos que ésta, en su redondez, nos empuje, golpee, achuche o acune. He visto a muchos adultos adquirir la ligereza de la infancia en estos momentos. Es la magia del mar, con su constante línea curva y su movimiento perpetuo, invitándonos a liberarnos de nuestras rigideces y estructuras anímicas demasiado ancladas, haciendo aflorar al niño que fuimos, el niño que vive en nosotros.

La infancia es vitalidad, movimiento, juego, risa, sonrisa, ritmo. El mar sonríe también en la plenitud de la ola, que rítmicamente viene a jugar a la playa. Mar e infancia tienen mucho en común, aprendamos de ellos.

El corazón de la infancia nos pide ritmo, juego, movimiento, confianza, humor, arte… todo ello envuelto en la clara imagen de lo que es el desarrollo del niño, su evolución dentro del marco de la biografía humana. ¿Existe esto en las aulas? ¿Ofrecemos a los niños un espacio de aprendizaje en donde sientan la confianza para desplegar su potencial en el tiempo en que éste ha de aflorar? ¿Tenemos los maestros la percepción necesaria para descubrir esta dinámica interior del niño? ¿Nos brinda un sistema educativo la flexibilidad y libertad indispensables para acompañar al niño de acuerdo a la percepción que de él adquirimos? ¿Es la batería de exámenes, apareciendo siempre amenazante en el horizonte, un buen criterio para evaluar al niño? ¿Cuánta imaginación y creatividad se necesita para evaluar en base a exámenes? ¿Qué es más apropiado para la enseñanza en Primaria, la imaginación o la abstracción, la definición o la caracterización de la materia que presentamos? ¿Un niño de 4 o 5 años ha de aprender ya a leer y escribir, uno de los aprendizajes más demandantes que ha de enfrentar el ser humano, o sería más adecuado que empleara su tiempo y fuerzas en adquirir otras facultades propias de su edad? He tenido alumnos que pasaron por un proceso semejante a una tortura cuando a los 4 y los 5 años se les enseñó a leer y escribir, no lo aguantaron, es decir, enfermaron. Vinieron a la escuela Waldorf y se les ofreció en el Jardín de Infancia un espacio para seguir creciendo como niños. Allí recuperaron la confianza en los maestros y, más tarde, en Primaria, retomaron el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura desde lo artístico imaginativo, adquiriendo estas destrezas sin mayores dificultades. ¿Dónde está la esencia del mar en las aulas?

Hace 100 años, Rudolf Steiner, el fundador de la pedagogía Waldorf, dijo que en la educación, en todo momento, se tenía que apelar al sentir del niño. Resaltó asimismo la presencia constante y central de lo artístico en la enseñanza. Estos mismos principios son magistralmente recordados hoy en día por Sir Ken Robinson en su obra educativa, en donde denuncia la galopante tendencia en las últimas décadas a incrementar el contenido científico y académico en el aula en detrimento del ámbito artístico. Es el arte el que marca el camino hacia el viaje interior en el hombre, hacia la experiencia, la vivencia, y con ello el autoconocimiento y el desarrollo de la personalidad. Si lo excluimos del espacio educativo dejamos de educar propiamente.

Rudolf Steiner indicó a los maestros que tendrían que acompañar a su clase durante el trayecto de Primaria. No habría cambios de tutor una vez acabado el año escolar. Tampoco habría libros de textos, a los niños y los maestros correspondería crearlos. Las dos primeras horas de la mañana constituirían un solo bloque en donde estarían con el maestro tutor desarrollando un tema a lo largo de 3 o 4 semanas. No habría exámenes, el maestro estaría embarcado en el viaje de una evaluación continua. La escuela empezaría cumpliendo los niños 7 años. Los maestros tendrían libertad de cátedra y la máxima responsabilidad de adquirir el profundo conocimiento de la naturaleza humana y de ser constantemente creativos en sus clases.

Parte de estos principios básicos de la pedagogía Waldorf los encontramos hoy en día en un sistema educativo al que se mira con respeto e interés por sus resultados: el sistema finlandés. Éste ha venido ocupando los primeros puestos en el ranking de los estudios PISA. Lo paradójico es que mientras que Finlandia es capaz de mostrar las excelencias de su sistema, en muchos países que tendrían que cambiar sus principios y orientarlos en esta dirección todavía se insiste en medidas opuestas a ellos: adelantar la edad de escolarización, no abandonar los libros de texto, no ampliar la duración de las clases, multiplicar la presencia de los exámenes y establecer rígidos programas, apuntando a metas cognitivas muchas veces ajenas a la edad del niño, sin consideración del aspecto del ritmo y la vivencia en el aprendizaje. Este camino no se preocupa de la infancia, no la cuida, no la percibe en su naturaleza, no la protege, sino que la deteriora. Dadas estas condiciones, ¿constituye aún una sorpresa hablar del fracaso escolar?

el sembrador¿Cuáles son las raíces de esta patología, cada vez más presente en nuestro tiempo, de exigir demasiados contenidos educativos demasiado pronto, de obligar a un aprendizaje mecánico memorístico en donde la vivencia está ausente? ¿Por qué se insiste en ver al niño como a un pequeño adulto? ¿En qué oscuras bodegas se descorchó esta tóxica pócima del sin sentido? ¿Qué mente alejada del origen quiere reducir el mar a la dimensión de un estanque o un pantano?

El juego de las olas no fracasará en despertar la sonrisa y la alegría en el niño porque tocará su esencia. La dinámica de la educación ha de triunfar en respetar la infancia, en hacer desplegar en cada individuo el potencial único que lleva en sí, en educar para que el niño llegue a ser un ciudadano con pensamiento propio, atento a los retos de su tiempo, consciente de la profunda dimensión de la existencia. La pedagogía Waldorf trabaja con estos ideales y a ellos dedica todo su esfuerzo. No hay empresa humana que tenga metas más excelsas que la educación.

Jesús López
Maestro de la Escuela Waldorf de Villafranqueza, Alicante.

 

  1. Ken Robinson (Liverpool, Inglaterra, 4 de marzo de 1950) es un educador, escritor y conferencista británico. Doctor por la Universidad de Londres, Robinson es considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos. Debido a la relevancia de su actividad en los campos mencionados, especialmente en relación a la necesidad de incorporar clases de arte al currículum escolar, fue nombrado Sir por la reina de Inglaterra, Isabel II en 2003.