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Olimpiadas Waldorf

Hay vivencias que te acompañan toda la vida…

Los 10-11 años son el corazón de la infancia, un periodo de armonía previo a la llegada de la adolescencia. En las escuelas Waldorf se acompaña con la inmersión en el mundo de la Grecia clásica, su mitología, su ciencia, su arte, Homero, Sócrates, Alejandro Magno… Durante todo  el curso esas imágenes nos acompañan en narraciones, obras de teatro, canciones, versos… 

La parte final de este recorrido es un encuentro de los 5º cursos de primaria de escuelas Waldorf de España y Portugal en Ampurias, para participar en unas Olimpiadas en el escenario mágico de las ruinas de una ciudad, primero griega y luego romana. Los atletas se prueban en salto, carrera, lucha, jabalina y disco, no para quedar primeros, sino en búsqueda en  sus gestos de los ideales de Belleza, Verdad y Fuerza, no para superar a los demás ni para buscar el mejor resultado, sino para encontrarse en el proceso de dar lo mejor de sí.

Los restos en piedra del anfiteatro y la palestra de la antigua Emporiae son testigo de las vivencias de estos niños y niñas, vestidos con sus túnicas, representando a Esparta, Atenas, Delfos, Eleusis o Tebas. Las ruinas son testigo del resurgir del ideal heleno en ellos, en esas experiencias puras de sí mismos, de su fuerza, de su armonía, de su perfección… se ve en el brillo de sus ojos, en la determinación de su mirada, en la fluidez y rapidez acciones, en la pasión de sus movimientos… Todos han alcanzado la perfección en algún momento, se llevan grabado en su alma el recuerdo de ese salto que dieron, de cómo su compañera logró lanzar la jabalina como nunca, de cómo su compañero consiguió acabar la prueba de maratón y se abrazaron a él en la meta…

Vuelven como vencedores, pero sin vencidos, vencedores de sí mismos, enriquecidos y transformados por la experiencia de Belleza, Verdad y Fuerza, por la vivencia auténtica de ellos mismos y sus compañeros en un viaje inolvidable, fruto de vivencias pasadas y semilla de otras que están por llegar.

Juan Luis Alegría Ibáñez. Escuela Waldorf Alicante. IIP Dharma College Alicante.

Manuales en la escuela Waldorf

PRIMERA CLASE 

Los niños necesitan en esta nueva etapa una concentración y un reposo mayor para realizar todos los procesos de aprendizaje. 

El tejido de punto, les ayuda a ir lográndolo paulatinamente. Las agujas, las lanas, los puntos uno al lado del otro, la tensión necesaria para sujetar las agujas y lograr que el tejido ocurra requiere mayor precisión en la motricidad fina y demás coordinación entre ambas manos.

El tejido como un masaje, sólo sale bien cuando se ha logrado un estado de tranquilidad interior y exterior y, un estar presente en la tarea que permite que las acciones realizadas ocurran coordinadamente, por eso les ayuda a concentrarse y centrarse. Esta tarea es transferida al trabajo intelectivo en las  horas principales, para leer, escribir etc.

Utilizamos las imágenes para presentar la lana, a través de la narración. Durante las primeras semanas los niños lavan los vellones, los cardan, tiñen e hilan. Con estas hebras hacen anillos, pulseras, collares.  Siempre objetos útiles y bellos. Antes de introducir las agujas, aprenden a tejer con los dedos  largas bufandas, de esta manera independizan sus dedos.

Las agujas serán una prolongación de sus manos y es una herramienta que ellos preparan, las lijan, se les saca punta, se frotan con un vellón para dejarlas muy suaves y se les coloca una bolita para que no se salga el tejido.

Cada parte del proceso está acompañado de una imagen que les ayuda a interiorizar la tarea de una manera natural, por ejemplo: 

“ Pedro el pastor de ovejas, coge su callado, entra por la puerta, coge una oveja y la lleva al corral”

Se parte de una imagen general para todo el grupo pero luego el trabajo es con cada niño individualmente.

Lo primero que aprenden es a realizar el nudo corredizo y  el primer punto es el “bobo”, tejen un cuadrado con diez puntos para realizar una gallina, una liebre etc. 

Cada etapa es cuidada y el cómo se entregan las labores realizadas también, es un momento muy importante en el proceso que vive el niño, ese reconocimiento a su esfuerzo debe de ser especial.

Como ya mencionamos en la anterior entrada, la segunda propuesta es realizar la funda para su flauta. Los colores oscuros van debajo a medida que vamos ascendiendo los colores van siendo más claros.

Ya vimos un ejemplo de  poema de inicio de labor y ahora os dejo otro que utilizamos para finalizar la tarea, ellos saben que después del poema van a guardar sus material en su bolsita. 

Damos las gracias

Aquí reunidos

Por hacer con nuestras manos

Cosas bellas y útiles

Con estas preciosas tareas lo dejamos para continuar con la siguiente entrada que nos abrirá la puerta a Segunda Clase.

 

 

Todo comienza en sus manos…

Manualidades en la escuela waldorf.

Por Johanna Fernández Martínez. Maestra de manualidades de la escuela.

Que  nuestro presente conviva como una constante, a veces sin medida, tantos estímulos visuales,  las pantallas, etc. En definitiva, un escenario tecnológico con un uso desmesurado sumado a que también hasta la ropa que nos ponemos está hecha con fibras sintéticas, los alimentos que ingerimos son sintetizados químicamente e incluso hasta los materiales de los juguetes de nuestros niños. Por lo tanto, es lógico que aparezcan estos interrogantes: 

¿Entonces es engañoso lo que perciben nuestros sentidos? el niño que llega a este mundo con ese deseo de conocer, ¿se encuentra en peligro esa relación con la Tierra? 

Las actividades manuales y la asignatura del currículum Waldorf desde la creación de la primera Escuela Waldorf de Stuttgart en 1919, tiene hoy más que nunca, una relevancia en la labor pedagógica con los niños.

Es a través del contacto con los materiales nobles como puede ser el algodón, lana y madera, productos de la naturaleza con actividades adecuadas, será capaz de utilizar sus manos, su sentimiento y su pensar en la creación de objetos útiles y bellos, desarrollando un vínculo de respeto y veneración por la Tierra.

Es cuando el niño hace “algo” que puede usar como por ejemplo la funda de su flauta, puede vincularse con una instancia humana que de otra manera quedaría fuera de su experiencia cognitiva.

En la clase de manuales todo comienza cuando sus manos se ponen en movimiento para realizar un trabajo desde el principio hasta el fin, dando todos los pasos necesarios. Un aprendizaje sin duda equilibrador de toda su personalidad; despierta el pensar en los niños soñadores, favorece la actividad en niños con dificultades para desarrollar su voluntad y en los niños muy intelectuales mueve el sentimiento. Este es el gran reto del maestro.

Si te ha gustado y te quedas con ganas de adentrarte más en este maravilloso mundo, permanece atento que en la próxima entrada se nos abre una ventana al aula de Primera Clase.

Mesa de estación de Cuarta clase:

Estrellas en el cielo

flores en la Tierra

todos y todas en el centro

ya llegó la Primavera

Manualidades primera clase

Mis manos tienen cinco dedos

Que me ayudan a jugar

pero a la hora de la tarea

como saben trabajar,

Mano derecha, mano izquierda

Siempre dispuestas a ayudar

Una viene hacia la otra

Y el trabajo va a empezar

Otra propuesta del año en una Primera Clase es la realización de una funda para la flauta. Su función guardar y transportar algo, soportar un peso, al igual que la Tierra nos sostiene a nosotros.

Primera clase en la jornada de puertas abiertas.

Jornada de puertas abiertas: Quinta clase.

De la bidimensión al espacio tridimensional con el trabajo principal de la confección de calcetines. Los niños de esta edad viven una transición entre el primero y el segundo paso por el Rubicón. Es el primer trabajo que toma al propio cuerpo como guía en la realización de la tarea.

Libertad para experimentar y respeto del ritmo

Por Lourdes Alarcón Sevilla.

Soy estudiante de Magisterio de Infantil en la Universidad de Alicante y, además, estoy realizando la formación en Pedagogía Waldorf. Ambas cosas las estoy haciendo de forma simultánea.

En los tres años que llevo de carrera, en el Grado de Educación, nunca se había mencionado nada sobre la pedagogía Waldorf en clase, si se hace alusión a otras pedagogías, pero de ésta en concreto, en muchas ocasiones, ni siquiera se tenía conciencia de ella. Lo cual me parece que muestra una carencia de actualización e investigación.

Por ello, me sorprendí muchísimo cuando el otro día, en una asignatura relacionada con la psicomotricidad y el movimiento, el docente se detuvo a hablarnos de la Pedagogía Waldorf y de Rudolf Steiner, su pensamiento y su obra. Además, nos mostró vídeos en los que aparecía la Escuela Waldorf de Alicante, concretamente un aula de maternal de 0 a 3 años durante una jornada. Nos animó a permitir a los niños libertad de movimiento para experimentar, sorprenderse, investigar… Además de nos explicó la importancia de respetar sus etapas de desarrollo no llevarlos al pensar antes de tiempo.

Me gustó muchísimo oír hablar de esto en clase y ver cómo se anima desde la Universidad a conocer y poner en prácticas esta pedagogía y dejar atrás la educación excátedra.

De barro y silencio

«En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y silencio» Eduardo Galeano.

Desde hace unas décadas viene surgiendo una gran industria alrededor de la infancia. Una industria en la que me pregunto si hay demasiado “plástico y ruido” y poco “barro y silencio”, poco espacio para ser uno mismo, para ese lugar consciente, alegre, cálido y sencillo que siento que mis hijos necesitan para crecer.  La primera vez que pisé un Jardín de Infancia Waldorf, vi un rincón soleado con un entorno fértil y hermoso, adecuado para cuidar los primeros brotes de las semillas que serán las mujeres y hombres del mañana….

Más claro lo tuve cuando mi hija de cuatro años conoció a su maestra, el primer día de clase. Se agachó hasta ponerse a su altura, la miró a los ojos con una sonrisa radiante  y abrió los brazos. Mi hija se fue acercando poco a poco a ella hasta que se dieron un abrazo. “¡Qué ganas tenía de conocerte y qué bien lo vamos a pasar! ”, le dijo. En ese momento me sentí muy emocionada y agradecida de que alguien la recibiera de esa manera, una bienvenida llena de ilusión, de cariño y de conciencia en el camino que iban a recorrer juntas. Aunque los padres podemos quedarnos en el periodo de vinculación con los niños, en nuestro caso no fue necesario, ese momento fue suficiente para despertar la confianza y seguridad que un niño necesita para sentirse como en casa en el Jardín de Infancia.

De este Jardín mi hija no trae deberes, sino los bolsillos llenos de tesoros: piñas, palos, semillas, hojas secas… También trae dibujos, todos diferentes, llenos de colores, de líneas, de fantasía, con la fecha y el nombre cuidadosamente escritos por su profesora, como queriendo recordarnos que son importantes y que se los guardemos.

En este Jardín no hay notas ni informes sobre si se saben las letras, los números o los colores. La maestra me cuenta si ha estado feliz o habladora, si parecía tener sueño o si no ha tenido un buen día. Me dice con sinceridad y ligereza las anécdotas y los conflictos, sus encuentros y desencuentros, sus logros y sus asuntos pendientes, pero sin etiquetas, con confianza en sus fortalezas y con apertura a la maravillosa capacidad de transformación y cambio que tienen los niños.

En el sur llueve poco, pero cuando lo hace, el Jardín de Infancia es una gran fiesta en la que, bien cubiertos con sus botas y petos de lluvia, los pequeños exploradores disfrutan felices de la magia de la tierra mojada y de la música de los charcos.

En este Jardín no suena el “Cantajuegos” ni hay pizarras digitales, la voz de su maestra y su presencia es como el agua de una fuente inagotable de melodías de la que las que los niños beben a diario. Canciones populares, pentatónicas, acordes al momento del año, también de rimas y juegos de dedos, que luego en casa tararean sin parar.

De este Jardín mi hija trae frases llenas de fuerza, que se han convertido en refranes frecuentes en nuestro día a día como familia numerosa: “Al que le toca, toca, la suerte no se equivoca” dice cuando hay conflicto por el vaso azul. “Uno puede tener un ratito para enfadarse”, dice cuando algo le irrita.

En este Jardín, la respiración y el ritmo de la mañana  es armónico y completo, protegiendo a la infancia de la carga intelectual ya frecuente en estas edades. Un día tuve que ir pronto a recogerla y no quería marcharse sin escuchar el cuento, la narración con la que terminan cada día, que es como ese postre delicioso después de una comida saludable, pero que en este caso alimenta su mundo interior.

Por estas y otras experiencias, estoy convencida de que los primeros brotes de nuestra hija vienen acompañados de vivencias que atesora en su corazón. Confío en que son fuerzas e impulso para que , también en su vida adulta, pueda ser ella misma.

Carmen Saura, madre de la Escuela Waldorf de Alicante.

La primera vez…

Hace ya 8 años de nuestra primera vez. Y las primeras veces, ya se sabe, no se olvidan. 

Al igual que el primer beso, recuerdo aquella mañana soleada de mayo, cuando con su delantal, nos recibió una de las maestras de infantil para entrevistarnos.

Nos contó muchas cosas sobre la escuela, de las que ahora no podría recordar ni una sola. Lo que sí recuerdo es un gesto que para mí fue suficiente, un gesto que todavía me emociona al rememorar. 

Sentados al sol, charlábamos sobre la pedagogía y sobre el funcionamiento de la escuela, cuando de repente, un niño que se había caído al suelo llegó llorando. Ella no dijo nada, sólo le ofreció su regazo. El niño apoyó su cabecita mientras ella le acariciaba los cabellos. Ni una sola palabra. El niño debió de encontrar sosiego, y cuando tuvo suficiente, también sin mediar palabra, marchó de nuevo a lo suyo. 

Es ahí cuando lo tuve claro. Era algo que iba más allá de las palabras, que venía de la mano de la calidez, del acogimiento y de la confianza. ¿En qué otro espacio puede desarrollarse el espíritu de un niño? 

Desde entonces, no he dejado de sentir cada día que en la escuela se mira a los niños a los ojos, se les escucha y se les tiene en cuenta: como niños. Porque no hay ni buenos ni malos niños, sino niños a los que a veces se les pide lo que no pueden dar. 

Ya hace muchos “Mayos” soleados desde aquella primera vez, pero lo que no ha cambiado nunca es la confianza de que mis hijos están en un buen lugar. Crecen y creen en lo que aprenden, se implican… desean… y eso es algo, el deseo, que debemos conservar a toda costa. 

Carlos García

(Papá De Diego y Bruno)