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Espacio de las imágenes interiores.

Fuente: Rainer Patzlaff / Medicos Escolares Brasil

Traducción: Claudia de Moura

Los niños aman el trato con los cuentos, las historias, las fábulas y las leyendas y es importante que el maestro o educador sepa, por qué los niños sienten esa necesidad: aquí están viviendo en un ámbito anímico que le es propio. Dado, que esas narraciones contienen una cantidad de sabiduría de vida y experiencia, de sentido profundo e inteligencia, pensamientos y lógica, sin expresarlo en conceptos, sino en imágenes. Hacen aparecer por arte de magia paisajes enteros frente al alma  y su presencia inmediata nada tienen que envidiar al mundo sensoriamente experimentable, que son producidos por el niño mismo, por fuerza de su fantasía, y que por lo tanto son producción propia.

El medio decisivo a través del cual el mundo imaginativo llega a su desarrollo en los niños, es el habla. Posee la fuerza de que todo aquello que está viendo el maestro o narrador frente a su mirada interior,  también genera frente al ojo interior de los niños, de manera propia.

Por eso, es insuperable  el efecto, cuando el maestro o la maestra logran adquirir la capacidad de poder narrar de memoria, de un modo imaginativo, expresivo.

Tales vivencias son nutrientes para los niños, que buscan obtener a diario. No se trata de información o afán de saber, sino del intuitivo descubrimiento de los ricos mundos interiores, que mediante el habla se abren simbólico – imaginativamente frente a ellos. A pesar de que nuestra época se encuentra avasallada por imágenes técnicas, no decrece la avidez por esas experiencias.

Por el contrario: crece en medida tanto mayor, en la cual los niños no encuentra respuesta para sus fuerzas del alma en el mundo que los rodea. Aquí, la escuela tiene una importante misión cultural, sino en el sentido del desarrollo de una facultad de empatía, de capacidad de diferenciación anímica, fuerza de concepción y de sensibilidad social.

Lo importante al respecto es, que el material a ser narrado, sea el correspondiente a cada edad. Es así, que en la Escuela Waldorf el curso a lo largo del Primer septenio, va con  los cuentos de hadas y a partir del segundo septenio con  las fábulas, leyendas y sagas, hasta las historias del Antiguo Testamento, a modo de una historia inicial del mundo y de la cultura, permitiendo, que las imágenes hablen por sí mismas.