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Escritura Waldorf
En la segunda dentición el niño entra en la vida imaginativa ¡No intelectual, sino en la imaginativa!. Y los educadores y maestros, han de saber desarrollarla; pero solamente lo logran quienes poseen un conocimiento verdadero del hombre; el conocimiento que descongela la vida anímica interior y hace surgir la sonrisa en los labios.

Imaginativamente, así es como hay que educar entre la segunda dentición y la pubertad. Podríamos decir que, en los primeros años, la característica del niño de ser todo órgano sensorio, se interioriza y orienta en el alma.

De este modo los órganos sensorios forman imágenes de los objetos exteriores, imágenes anímicas, no pensamientos. El niño, desde un principio, tiene sentido artístico, fantasía creadora, a ella hay que apelar, a ella hay que dirigirse.

Tomemos por ejemplo la enseñanza de la escritura. Un niño no tiene relación alguna, digamos, con una A. ¿Por qué habría de tenerlo? ¿Por qué había de interesarse en lo más mínimo en una L? Esas letras nada le dicen y, sin embargo, al entrar al niño en la escuela, se le acosa para que las aprenda. La consecuencia es la completa indiferencia por lo que se le exige que haga.

Y si, para colmo, se le introduce en ese extraño mundo antes de la segunda dentición, sugiriéndole que coloque letras en moldes precortados, se relaciona al niño con cosas completamente ajenas, que no tienen la menor afinidad con él.

Si apelamos al sentido artístico y a la fantasía creadora el maestro debería buscar, por ejemplo, para cada sonido una imagen y una representación pictórica con inventiva, el maestro encontrará imágenes para todas las consonantes y las desarrollará mediante el dibujar pintando.

Estas imágenes o representaciones pictóricas las podrá introducir el maestro mediante una historia, en la cual aparezca aquella imagen que posteriormente pintará en la pizarra y de la cual extraerá la letra.

Por ejemplo

Escritura Waldorf

En relación con las vocales sería más aconsejable buscar una relación con una vivencia anímica, y con gestos que nuestra alma y nuestras manos hacen para expresar o exteriorizar dicha vivencia.

Si pensamos en la O: se abarca algo amorosamente y de este gesto se desarrolla el símbolo O. Del gesto, del ademán, se puede llegar pues a crear las cinco vocales. Ese es el camino; apelar a la intuición directa, a la fantasía, y poco a poco lograr que los niños deriven de las cosas, los sonidos, las letras, es decir, que partan de la imagen.

Pero los padres de familia se quejan diciendo: Los niños aprenden muy tarde a leer y a escribir. Este comentario implica el desconocimiento de cuan dañino es para ellos el temprano aprendizaje de la lectura y la escritura. Es una maldición saber escribir demasiado pronto. Hay que saber también y comprender categóricamente, ante todo que la enseñanza de la lectura no debe preceder a la de la escritura.

En la escritura cuando se deriva del dibujar pintando, del pintar dibujando, entra en acción el hombre integro, cooperando los dedos, la posición del cuerpo y del hombre entero.

Se deben posponer hasta donde se pueda, aquellas actividades en las que interviene solo en una parte de su organismo, dejando inactivo el resto. Lo más importante es que primero entre en movimiento el hombre todo y luego la parte.