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Los maestros de maternal y de infantil, de la escuela Waldorf de Alicante, hemos querido hacer las recomendaciones y acompañamiento, para estos días donde todos tenemos que permanecer en casa, de un modo más creativo, entretenido y acorde con nuestra escuela; y para eso, nos hemos inspirado en unos duendecillos. Estos duendes nos acompañarán cada semana a través de un cuento y cada cuento, además de ser sanador por la conciencia que se ha puesto en su creación, nos dará las pautas necesarias para que podamos estar más organizados, tengamos más recursos y llevemos la pedagogía Waldorf a nuestro hogar y a nuestro hacer.

Con respecto a estos cuentos, son para vosotros papás y mamás. Os recomendamos no poner la grabación a los niños. Nosotros, los duendes acompañantes, ahora tenemos que trasladaros todos nuestros conocimientos a vosotros, duendes protectores. Nuestros duendes valientes y diligentes necesitan que todo lo que acontece en el día esté preparado con amor y anticipación, necesitan, sobre todo, ritmo.

Esperamos que podáis disfrutar todos y que os ayude.

Materiales:

A continuación incluimos los audios de los corros, canciones, juegos de dedos, etc.

Para poder acceder a la letra pulsa en el botón:

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Corros:

Audios:

  1. El sol por la mañana.
  2. Los zapatos de papá.
  3. Pin y pon es un muñeco.
  4. Somos enanitos.
  5. Los pollitos.
  6. Tierra, estos tus frutos nos dio.
  7. Muchas gracias.
  8. Escucha el viento nocturno
  9. El sol quiere dormir.

Vídeos:

Juegos de dedos:

Cuentos:

MADRE TIERRA Y LOS NIÑOS RAÍCES

Todo el largo invierno, los niños raíces duermen bajo tierra. “Despertad pequeños, ya es hora; muy pronto será primavera”. Y todos se estiran, se frotan los ojos, y se peinan su pelo enredado con sus dedos.

Ahora todos juntos y con prisa tejen sus propios vestidos: aguja, tijeras, dedal y alfileres; ya casi están listos.

Luego, una a uno, los niños raíces a la Madre Tierra llevan sus vestidos. Y todos en fila muestran el trabajo hecho. Ella, uno tras otro, los repasa y mira. Les dice sonriendo: “vestiros aprisa”.

Los niños raíces, los que son más mayores, no han olvidado cuál es su tarea. Cogen las esponjas, los cepillos, los pinceles, y venga escarabajos, vamos mariquitas ¡hay mucho que hacer!, y todos se ponen manos a la obra.

Al fin en los campos se va acercando la primavera, y como una cinta de muchos colores van saliendo juntos al mundo, y cantan las flores, los insectos y las pequeñas hierbas.

En el espeso bosque verás florecer al lirio del valle. El más juguetón de todos los niños sorprenderá a un caracol y a una bonita violeta escondiéndose detrás de un gran árbol.

Todo el día juegan en el arroyo con los no me olvides, y como una reina, la pequeña flor del lirio de agua, se deja mecer en la orilla por los niños.

En los verdes prados, junto a los trigales, juega de la mano la hierba, la flor y el insecto, ¡Ay, cuánta alegría! ¡Ya se acerca la primavera!.

Cuando llegue de nuevo el otoño, con el viento y la tormenta, regresarán a casa donde les recibirá su madre diciéndoles: “Ahora pequeños, iros a la cama y dormiros hasta el año que viene”.

CUENTO “LOS TRES CABRITILLOS”

(adaptado Eva para maternal)

Erase una vez tres cabritillos. Los tres eran hermanos y todos los días salían de paseo a buscar hierba verde y fresca. Para llegar hasta el prado donde poder pastar, tenían que cruzar por un gran puente hecho de piedra, por el que pasaba un revoltoso riachuelo y en el que vivía un ogro.  Un ogro que tenía la barriga tan gorda como una cacerola y una nariz tan larga como un bastón.

El primero en cruzar fue el cabritillo pequeño:

Tripi, tripi, tripi, tripi resonaban sus pezuñas cuando al ogro despertó:

-¿Quién por el puente pasa que me lo voy a meter en la panza?

-Soy el cabritillo pequeño que voy  a beber agua y comer hierba fresca de las praderas

– Pues te tengo que comer para cenar

– No, no, no, no me comas ogro. Por detrás de mí  viene mi hermano menor. Puedes comértelo a él que es un poquito mayor.

-Está bien te dejaré pasar.

El ogro se retiró y el cabritillo su camino continuó.

Tripi, tripi, tripi, tripi

Viene el cabritillo mediano.

Trapa, trapa, trapa, trapa, resonaban sus pezuñas cuando al ogro despertó:

-¿Quién por el puente pasa que me lo voy a meter en la panza?

-Soy yo, el  cabritillo mediano que voy  a beber agua y comer hierba fresca de las praderas

– Pues te tengo que comer para cenar

– No, no, no, no me comas ogro. Por detrás de mí  viene mi hermano mayor. Puedes comértelo a él que es más grande.

-Está bien te dejaré pasar.

El ogro se retiró y el cabritillo su camino continuó.

Trapa, trapa, trapa, trapa

Llega entonces el cabritillo mayor.

Tropo, tropo, tropo, tropo, resonaban sus pezuñas cuando al ogro despertó:

-¿Quién por el puente pasa que me lo voy a meter en la panza?

-Soy el cabritillo mayor que voy  a beber agua y comer hierba fresca de las praderas

– Pues te tengo que comer para cenar

– Ya te guardarán. Con su fuerte cornamenta un golpe le embistió y éste rodó , rodó y rodó  y el cabritillo su camino continuó.

Tropo, tropo, tropo, tropo

Los tres hermanos pastaron hierba verde y fresca y al llegar la noche se volvieron a su hogar.

Tripi, tripi, tripi, tripi

Trapa, trapa, trapa, trapa

Tropo, tropo, tropo, tropo

LOS DUENDES VALIENTES Y DILIGENTES ESCUELA WALDORF DE ALICANTE

Había una vez unos duendecillos valientes y traviesos a los que les encantaba jugar en el bosque. Casi todos los días corrían sin parar por sus pedregosos caminos. Unos trepaban árboles, otros se entretenían buscando bichitos y otros tantos elaboraban preciosas colecciones con pequeños tesoros.

A los duendes les encantaba el brillante sol que iluminaba casi todos sus días, les daba fuerza y energía. Pero, de repente, una mañana casi primaveral, se presentó el Duende Guardián y mandó a todos los duendecillos a sus casas, pero solo por un tiempo. No podrían salir de sus hogares hasta que no descubrieran cual era el gran tesoro de sus vidas. Así que obedecieron. Algunos con inquietud, pero la mayoría con alegría, pues tenían que resolver un gran enigma y con certeza sabían que, si se unían entre todos, lo podían conseguir.

Al día siguiente de la gran e inesperada visita, los duendecillos comienzan una nueva rutina. Pocos tienen que madrugar y además hay tiempo para los desperezos, las risas y los bostezos. Sus duendes protectores abren las ventanas y dan paso a los rayos de luz que despierten a los pequeños con una suave caricia.

Una vez en pie, los duendecillos tienen que hacer sus tareas

“Somos duendes valientes y diligentes. Nos gusta cantar, reír y danzar, pero sobretodo nos gusta trabajar”

Así que dispuestos, se visten y se ponen sus zapatitos de terminación enroscada y puntiaguda. Pliegan bien las hojitas donde duermen durante la noche y echan su ropa sucia a lavar ¡Si esto lo hacen solos habrán conseguido un gran logro!

Lo siguiente es preparar un sano desayuno con los duendes protectores. Pero los duendes valientes no pueden olvidar que, previamente, sus manos han de frotar con fresca agua del manantial.

Y ahora sí, en el lugar adecuado, los pequeños duendecillos tienen un reino único que solo es de ellos, donde guardan ordenados sus más preciados tesoros. No son muchos, pero todos son mágicos porque, manejándolos con sus manos, les hacen entrar en un mundo de fantasía, de imágenes únicas y creativas, de diversión, de entretenimiento… Es el momento de jugar, de reír, de disfrutar
Pero, ¡atención! después de este momento, el desorden se ha apoderado de su reino. Toca arreglar este alboroto, sin excusa y de buen ánimo.

“Somos duendes valientes y diligentes. Nos gusta cantar, reír y danzar, pero sobretodo nos gusta trabajar”

Duendes protectores, preparar pronto el ambiente, pues llega el momento de despejar un poco la mente.: Manos llenas de pintura, otros días de masa de pan, otros de cera de abeja… la cuestión es no parar.

De nuevo limpian sus manos en el agua fresca de aquel manantial y sin dudarlo dos veces se ponen todos a bailar. Esta es la ronda que siempre les hace vibrar.

Llegó el momento del almuerzo y en la mesa está todo listo. Los duendes con sus culetes, pronto encuentran su sitio. Ya bien sentados y antes de comenzar, siguiendo la voz del duende protector y prestando mucha atención, activan sus deditos y con ello su imitación.

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La velita está encendida, ya no os debéis levantar y entonando vuestras voces, una bonita oración sonará. Y, por fin, ¡ahora sí! ¡Bon profit!”.

Los duendes apagan la vela, justo al terminar, pero un poquito antes las gracias deben de dar. Estos pequeños valientes ya quieren ir a jugar, y les decimos con mimo, primero la mesa hay que quitar.

“Somos duendes valientes y diligentes. Nos gusta cantar, reír y danzar, pero sobretodo nos gusta trabajar”

Acabado este cometido, los duendecillos vuelven a su gran desafío ¿Os habíais olvidado que tenían que adivinar cuál es nuestra mayor fortuna: ¿piedras preciosas, joyas, oro o quizás un animal? Toca pensar un poco y ponerse a correr, a danzar, a brincar, a trepar. A cualquier juego que permita a estos valientes mover todo, todo su cuerpo. Da igual si no hay un jardín, o un pequeño balcón, siempre podéis adaptar un trocito del salón.

– ¡Nosotros solitos!, pronuncian con decisión. Pues nuestros queridos duendes quieren recoger el salón.

“Somos duendes valientes y diligentes. Nos gusta cantar, reír y danzar, pero sobretodo nos gusta trabajar”

Corriendo van a asearse, al escuchar la canción, que suave y bien entonada, canta el duende protector.

Ponen la mesa con ganas, pues es una tarea más, de estas que tanto les gustan y que les hace disfrutar. La hora de la comida es mágica, no se puede dudar, pues siempre comen unidos todos los de este lugar.

Es momento de descansar y así los ojos poder relajar, pero antes hay que lavar esos dientes. – “Mira duende valiente como lo hace el mayor, pues hay que aprender siempre prestando mucha atención”.
Los pequeños duendecillos juegan al despertar y en un ratito pequeño ya piden poder merendar.
Llega la hora del baño y todo se empieza a parar, el ambiente es más calmado y empieza a reinar la paz.

Después de una cena ligera, quieren lavarse los dientes, pues es lo que corresponde si eres un duende valiente.

Llega el mejor momento, la hora de ir a dormir. Los duendes protectores un cuento cortito os van a narrar para que vuestros sueños sean de amor y paz. Los angelitos, aunque no los veáis también están. Cerrar los ojitos, escuchar, sentir, respirar y soñar.
La noche pone su acento y nos regala un encuentro. No lo podemos ver, pero todo proviene de ahí, si duermes profundamente al despertar te aseguro que la respuesta que buscas te vendrá como un susurro.

FDO: Los duendes acompañantes

 

Matriculación Abierta Curso 2018-19