01 Mar 2019 | Antroposofía, Educación, Primaria, Uncategorized
Por Lourdes Alarcón Sevilla.
Soy estudiante de Magisterio de Infantil en la Universidad de Alicante y, además, estoy realizando la formación en Pedagogía Waldorf. Ambas cosas las estoy haciendo de forma simultánea.
En los tres años que llevo de carrera, en el Grado de Educación, nunca se había mencionado nada sobre la pedagogía Waldorf en clase, si se hace alusión a otras pedagogías, pero de ésta en concreto, en muchas ocasiones, ni siquiera se tenía conciencia de ella. Lo cual me parece que muestra una carencia de actualización e investigación.
Por ello, me sorprendí muchísimo cuando el otro día, en una asignatura relacionada con la psicomotricidad y el movimiento, el docente se detuvo a hablarnos de la Pedagogía Waldorf y de Rudolf Steiner, su pensamiento y su obra. Además, nos mostró vídeos en los que aparecía la Escuela Waldorf de Alicante, concretamente un aula de maternal de 0 a 3 años durante una jornada. Nos animó a permitir a los niños libertad de movimiento para experimentar, sorprenderse, investigar… Además de nos explicó la importancia de respetar sus etapas de desarrollo y no llevarlos al pensar antes de tiempo.
Me gustó muchísimo oír hablar de esto en clase y ver cómo se anima desde la Universidad a conocer y poner en prácticas esta pedagogía y dejar atrás la educación excátedra.
17 Feb 2019 | Educación, Uncategorized
Espacio de las imágenes interiores.
Fuente: Rainer Patzlaff / Medicos Escolares Brasil
Traducción: Claudia de Moura
Los niños aman el trato con los cuentos, las historias, las fábulas y las leyendas y es importante que el maestro o educador sepa, por qué los niños sienten esa necesidad: aquí están viviendo en un ámbito anímico que le es propio. Dado, que esas narraciones contienen una cantidad de sabiduría de vida y experiencia, de sentido profundo e inteligencia, pensamientos y lógica, sin expresarlo en conceptos, sino en imágenes. Hacen aparecer por arte de magia paisajes enteros frente al alma y su presencia inmediata nada tienen que envidiar al mundo sensoriamente experimentable, que son producidos por el niño mismo, por fuerza de su fantasía, y que por lo tanto son producción propia.
El medio decisivo a través del cual el mundo imaginativo llega a su desarrollo en los niños, es el habla. Posee la fuerza de que todo aquello que está viendo el maestro o narrador frente a su mirada interior, también genera frente al ojo interior de los niños, de manera propia.
Por eso, es insuperable el efecto, cuando el maestro o la maestra logran adquirir la capacidad de poder narrar de memoria, de un modo imaginativo, expresivo.
Tales vivencias son nutrientes para los niños, que buscan obtener a diario. No se trata de información o afán de saber, sino del intuitivo descubrimiento de los ricos mundos interiores, que mediante el habla se abren simbólico – imaginativamente frente a ellos. A pesar de que nuestra época se encuentra avasallada por imágenes técnicas, no decrece la avidez por esas experiencias.
Por el contrario: crece en medida tanto mayor, en la cual los niños no encuentra respuesta para sus fuerzas del alma en el mundo que los rodea. Aquí, la escuela tiene una importante misión cultural, sino en el sentido del desarrollo de una facultad de empatía, de capacidad de diferenciación anímica, fuerza de concepción y de sensibilidad social.
Lo importante al respecto es, que el material a ser narrado, sea el correspondiente a cada edad. Es así, que en la Escuela Waldorf el curso a lo largo del Primer septenio, va con los cuentos de hadas y a partir del segundo septenio con las fábulas, leyendas y sagas, hasta las historias del Antiguo Testamento, a modo de una historia inicial del mundo y de la cultura, permitiendo, que las imágenes hablen por sí mismas.
14 Feb 2019 | Primaria, Uncategorized
«En un mundo de plástico y ruido, quiero ser de barro y silencio» Eduardo Galeano.
Desde hace unas décadas viene surgiendo una gran industria alrededor de la infancia. Una industria en la que me pregunto si hay demasiado “plástico y ruido” y poco “barro y silencio”, poco espacio para ser uno mismo, para ese lugar consciente, alegre, cálido y sencillo que siento que mis hijos necesitan para crecer. La primera vez que pisé un Jardín de Infancia Waldorf, vi un rincón soleado con un entorno fértil y hermoso, adecuado para cuidar los primeros brotes de las semillas que serán las mujeres y hombres del mañana….
Más claro lo tuve cuando mi hija de cuatro años conoció a su maestra, el primer día de clase. Se agachó hasta ponerse a su altura, la miró a los ojos con una sonrisa radiante y abrió los brazos. Mi hija se fue acercando poco a poco a ella hasta que se dieron un abrazo. “¡Qué ganas tenía de conocerte y qué bien lo vamos a pasar! ”, le dijo. En ese momento me sentí muy emocionada y agradecida de que alguien la recibiera de esa manera, una bienvenida llena de ilusión, de cariño y de conciencia en el camino que iban a recorrer juntas. Aunque los padres podemos quedarnos en el periodo de vinculación con los niños, en nuestro caso no fue necesario, ese momento fue suficiente para despertar la confianza y seguridad que un niño necesita para sentirse como en casa en el Jardín de Infancia.
De este Jardín mi hija no trae deberes, sino los bolsillos llenos de tesoros: piñas, palos, semillas, hojas secas… También trae dibujos, todos diferentes, llenos de colores, de líneas, de fantasía, con la fecha y el nombre cuidadosamente escritos por su profesora, como queriendo recordarnos que son importantes y que se los guardemos.
En este Jardín no hay notas ni informes sobre si se saben las letras, los números o los colores. La maestra me cuenta si ha estado feliz o habladora, si parecía tener sueño o si no ha tenido un buen día. Me dice con sinceridad y ligereza las anécdotas y los conflictos, sus encuentros y desencuentros, sus logros y sus asuntos pendientes, pero sin etiquetas, con confianza en sus fortalezas y con apertura a la maravillosa capacidad de transformación y cambio que tienen los niños.
En el sur llueve poco, pero cuando lo hace, el Jardín de Infancia es una gran fiesta en la que, bien cubiertos con sus botas y petos de lluvia, los pequeños exploradores disfrutan felices de la magia de la tierra mojada y de la música de los charcos.
En este Jardín no suena el “Cantajuegos” ni hay pizarras digitales, la voz de su maestra y su presencia es como el agua de una fuente inagotable de melodías de la que las que los niños beben a diario. Canciones populares, pentatónicas, acordes al momento del año, también de rimas y juegos de dedos, que luego en casa tararean sin parar.
De este Jardín mi hija trae frases llenas de fuerza, que se han convertido en refranes frecuentes en nuestro día a día como familia numerosa: “Al que le toca, toca, la suerte no se equivoca” dice cuando hay conflicto por el vaso azul. “Uno puede tener un ratito para enfadarse”, dice cuando algo le irrita.
En este Jardín, la respiración y el ritmo de la mañana es armónico y completo, protegiendo a la infancia de la carga intelectual ya frecuente en estas edades. Un día tuve que ir pronto a recogerla y no quería marcharse sin escuchar el cuento, la narración con la que terminan cada día, que es como ese postre delicioso después de una comida saludable, pero que en este caso alimenta su mundo interior.
Por estas y otras experiencias, estoy convencida de que los primeros brotes de nuestra hija vienen acompañados de vivencias que atesora en su corazón. Confío en que son fuerzas e impulso para que , también en su vida adulta, pueda ser ella misma.
Carmen Saura, madre de la Escuela Waldorf de Alicante.

15 Nov 2018 | Educación, Primaria, Uncategorized
Material necesario: un palo, un globo, dos pliegos de papel de seda (pueden ser de distintos colores), lana, harina, agua, una vela con vaso de plástico de unos 5cm de alto
1) Coger un globo, hincharlo y trazar una línea
2) Preparar un engrudo de harina y agua mezclando agua caliente con harina. Deshacer los grumos poco a poco con un tenedor
3) Cortar el papel de seda en tiras
4) Apoyar el globo en un bol o una taza
5) Empezar a repartir engrudo con los dedos por el culo del globo. Poner siempre un papel y otro atravesado.
6) Esta parte hay que reforzarla bien porque ahí irá la vela
7) Hay que poner varias capas y reforzar también la parte donde se ha hecho la raya. Ahí se pondrá la lana para colgarlos.
8/9) Dejarlo secar un par de días.
10) Pinchar el globo
11) Recortar para dejar un cuenco
12) Hacer un par de agujeros en los cuatro lados. Pasar la lana de un lado al otro
13) Pegar la vela en el culo con silicona
14) Y por último ponerle el palo